Primera Sangre
Debía ser la mudanza número veinte de los últimos cinco años. Entre la beca y los concursos me la pasé de un campus a otro, en este país helado, de nieve sucia que ya nada inspira. En el hueco de la escalera encontré una caja de libros que no había abierto desde la mudanza anterior. A lo mejor, pensé, son libros que puedo regalar, vender o abandonar y cargo una caja menos al próximo destino. Rasgué la cinta con un cutter y por el exceso de presión me corté la yema del pulgar. Me llevé el dedo a la boca y me quedé un rato recordando que la saliva es cicatrizante o anestésica, o algo así. Mientras tanto, con la otra mano abrí la tapa de cartón y me puse a hojear los apuntes que aparecieron primero. Entre las fotocopias de la maestría había un sacapuntas metálico. Tenía forma de caja registradora, se introducía el lápiz por un costado y caía la basurita de madera por debajo. Lo sostuve en la mano como si evaluara su peso, pero en realidad lo que hacía era otra cosa. La primera vez...