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Primera Sangre

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Debía ser la mudanza número veinte de los últimos cinco años. Entre la beca y los concursos me la pasé de un campus a otro, en este país helado, de nieve sucia que ya nada inspira. En el hueco de la escalera encontré una caja de libros que no había abierto desde la mudanza anterior. A lo mejor, pensé, son libros que puedo regalar, vender o abandonar y cargo una caja menos al próximo destino. Rasgué la cinta con un cutter y por el exceso de presión me corté la yema del pulgar. Me llevé el dedo a la boca y me quedé un rato recordando que la saliva es cicatrizante o anestésica, o algo así. Mientras tanto, con la otra mano abrí la tapa de cartón y me puse a hojear los apuntes que aparecieron primero. Entre las fotocopias de la maestría había un sacapuntas metálico. Tenía forma de caja registradora, se introducía el lápiz por un costado y caía la basurita de madera por debajo. Lo sostuve en la mano como si evaluara su peso, pero en realidad lo que hacía era otra cosa. La primera vez...

Si ni me gustabas

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Fibroso, untuoso espesor Inaccesible, chinchudo Pensar que por vos traicioné a los amigos Quise comerte y al final Sólo ese amargo sabor Si ni me gustabas Ph: Zack Zdrale

No termina bien

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Hasta que la cosa se puso espesa. Moacir se fue a comprar merca a la esquina, en franca violación a algún acuerdo que tendría con la novia peruana. Voy a comprar con el 'trava', me dijo. Así, lunfardo, apócope de travesti, donde la elisión conlleva la aparición de una vocal o sufijo desinencial, en ese caso 'trava' por 'travesti'. ¿Era una provocación? ¿Me hablaría en lunfardo a mí con la misma finalidad con la que yo le hablaba en peruano a la novia peruana? Con 'el' trava, había dicho. Género masculino. El rito de iniciación/peronista/consiste en darle/matraca a un trava . Me quedé dolido un rato, masticando el verso transfóbico de Carlos Godoy. No era la primera vez que Moacir desaparecía del forró, pero era la primera vez que no lo disimulaba. La pared sudaba frío. Detuve las yemas de los dedos en la porosidad descascarada porque sentí que la pared me hablaba. Cojudo, huevonazo. Abrí mis ojos a los ojos vidriosos de la novia peruana, rojos...

La mamá de Darío

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Ya casi no me angustio ni tengo miedo aunque de vez en cuando todavía me enamoro El calor los alborota dice la mamá de Darío a los gatos, a los loros. Y a nosotros que tomamos mate sin remera Nos colamos a una fiesta medio chetita de esas con sillones de jardín y lucecitas de colores Cantamos a los gritos cumbia villera. Soplamos la chocotorta y nos mojamos con manguera Después llovío. Corrimos hasta la casa  y me saqué la  ropa.  Qué bueno  que está  fumar sin ropa

Mamá, no soy gay, soy un varón cis pansexual poliamoroso

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La semana pasada estuve en el Foro Internacional del Orgullo y la Inclusión organizado por la  Dirección de Gestión Preventiva y Promoción de la ciudad de Concordia, a cargo de  Bernardita Zalisñak   y su formidable equipo. Me invitaron a hablar sobre activismo e inclusión pero es mucho más lo que aprendí tomando mate con lxs compañerxs que de las ideas que pude haber hilvanado para la presentación. Tuvimos una apretada agenda de entrevistas radiales y televisivas. En los cafés que tomamos con Bernardita  entre una entrevista y otra , repasamos un programa de valores e ideas que se hacía cada vez más fuerte, más claro y más potente.   Si a la primera entrevista llegué con tono conciliador y la compostura de un (mal que me pese) porteño palermitano, en la última me encontré buscando el encendedor para lanzar la primera Molotov. Porque es verdad que #concordiateincluye , pero después de unos días también te prende fuego. Un fuego prometeico...

La cheta de Nordelta, Miguel Cané y el activismo LGBT

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Durante algunos años fui profe (interino) de Derecho Constitucional en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Más que a enseñar derecho me dediqué a tratar de explicar la historia económica de América Latina desde un enfoque marxista y a desacralizar ciertos mitos argentinos que tanto daño nos han hecho. Uno de ellos es Miguel Cané, la rubia tarada más representativa de la generación del 80'. Cané, el autor de "Juvenilia", esa novela banal sobre el Nacional Buenos Aires que relata las tontas travesuras de los hijos de la oligarquía y que, desafortunadamente, sirvió de piedra angular para la formación secundaria de mi generación y de muchas otras. En mis clases proponía la lectura de un pasaje del libro "En Viaje" de Cané, quien al llegar a las Antillas tenía estas observaciones sobre la población afrodescendiente: " Me será difícil olvidar el cuadro característico de aquel montón informe de negros cubiertos de carbón, harapientos, sudoroso, bailando c...

Cumbia

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Quizás llegó la hora de sentirme argentino sin contradicciones. Pero mi felicidad no es plena: pienso en Miel. Si estuviera Miel conmigo podríamos tirarnos en la alfombra a inventar diálogos entre Miguel Cané y Washington Cucurto. Saldría más o menos así: Cané:             ¡Vamos muchachas! ¡Una bamboula endemoniada! Cucu:             ¡Qué bellísimo escándalo! Me zampaban los sentidos los coloridos sensores de los carteles anunciadores de bandas y grupos tropicales. Cané:             Me será difícil olvidar el cuadro característico de aquel montón informe de negros cubiertos de carbón, harapientos, sudoroso, bailando con entusiasmo febril bajo los rayos de la luz eléctrica. Cucu:             Cabrón, cuando se te encienden las luces se enciende la vida, p...