Fibroso, untuoso espesor
Inaccesible, chinchudo
Pensar que por vos traicioné a los amigos
Quise comerte y al final
Sólo ese amargo sabor
Si ni me gustabas
Ph: Zack Zdrale
(English here ) Tatuarse por moda, por amor o por venganza. Por una promesa. Tatuarse borracho. Por dolor y por placer. No poder parar de tatuarse. Tatuarse hace miles de años. Porque no se puede o porque no se debe. Tatuarse porque ya se tatuaron todos. Por magia y por desilusión. Tatuarse con un monje en Camboya o con una mujer en Paraguay. Las mujeres tatuadoras de Paraguay se abren paso en una sociedad donde la promoción de la igualdad de género está en alarmante regresión . Son frecuentes los estereotipos discriminatorios en los medios de comunicación y los actos de intimidación y hostigamiento a las mujeres. La brecha salarial de género es abrupta. Es el peor país para ser mujer en Sudamérica. DJ, sabia consejera, ilustradora, niña prodigio y ex catequista. Reguetón, jazz, rock nacional, metal y música de películas. No podrían ser más diferentes y sin embargo las une su arte y la vocación de demoler prejuicios. Estas formidables t...
Dejé (otra vez) mi trabajo, puse la casa en venta, repartí los libros y me voy a viajar sin plazo. Cuando tenía veinticinco años y no existía internet viajé un mes por Asia con folletos de las embajadas como única brújula. Y dos semanas de curso de meditación en el Centro Sai Baba de la calle Uriarte. No estaba listo para ese viaje. No estaba listo para nada. Me dí unos cuantos golpes pero también aprendí que lo que había deseado siempre era esa vida de algunos gringos de clase media que se toman un año de viaje después de terminar los estudios. Ese tiempo donde, si uno se esfuerza, el conocimiento aprendido puede estallar y cuestionarse para volver a armar una nueva identidad. Hasta ahora nunca había podido tomarme el año de viaje pero hubieron otros recorridos. Se extendieron de viajes geográficos a viajes internos, como salir del armario gay, el re-aprendizaje de la historia luego de la dictadura, viajes a otras modas, cuerpos y lecturas, a otros espacios de socialización...
El boliche es como la casa grande de un amigo donde se baila en el living y tocan bandas en el patio. Los artistas y el público se entrecruzan fraternalmente y cuando unos terminan de tocar, bajan a bailar como locos entre los mortales al sonido de las bandas amigas. Hay un único camarín, que es una habitación detrás del escenario del patio, donde conviven todas las bandas que tocan esa noche. Hay un solo baño al costado del escenario. Es enorme, oscuro, mal iluminado como la mayoría de los baños de los boliches, pero la inmensidad de éste te hace pensar en una estación de tren. Ahí estaba yo, saliendo del baño, cuando me cruzo con el baterista que entraba a mear. El baterista de la mejor banda de rock del mundo. Ahí estaba yo, cuando el baterista entrando en sentido contrario al mío me roza un hombro, coincidimos un instante en las miradas, él se sabe reconocido y con la amabilidad casi de niño avergonzado sonríe enormemente y levanta las cejas. Pasa ahí balanceando ...
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