Caminaba con FerDommy por el centro de Asunción sin saber qué nombre ponerle al blog cuando nos cruzamos con un yacaré volador. Nunca antes me había cruzado con un yacaré volador. Pensé: ésto debe ser el comienzo de algo muy maravilloso.
(English here ) Tatuarse por moda, por amor o por venganza. Por una promesa. Tatuarse borracho. Por dolor y por placer. No poder parar de tatuarse. Tatuarse hace miles de años. Porque no se puede o porque no se debe. Tatuarse porque ya se tatuaron todos. Por magia y por desilusión. Tatuarse con un monje en Camboya o con una mujer en Paraguay. Las mujeres tatuadoras de Paraguay se abren paso en una sociedad donde la promoción de la igualdad de género está en alarmante regresión . Son frecuentes los estereotipos discriminatorios en los medios de comunicación y los actos de intimidación y hostigamiento a las mujeres. La brecha salarial de género es abrupta. Es el peor país para ser mujer en Sudamérica. DJ, sabia consejera, ilustradora, niña prodigio y ex catequista. Reguetón, jazz, rock nacional, metal y música de películas. No podrían ser más diferentes y sin embargo las une su arte y la vocación de demoler prejuicios. Estas formidables t...
El boliche es como la casa grande de un amigo donde se baila en el living y tocan bandas en el patio. Los artistas y el público se entrecruzan fraternalmente y cuando unos terminan de tocar, bajan a bailar como locos entre los mortales al sonido de las bandas amigas. Hay un único camarín, que es una habitación detrás del escenario del patio, donde conviven todas las bandas que tocan esa noche. Hay un solo baño al costado del escenario. Es enorme, oscuro, mal iluminado como la mayoría de los baños de los boliches, pero la inmensidad de éste te hace pensar en una estación de tren. Ahí estaba yo, saliendo del baño, cuando me cruzo con el baterista que entraba a mear. El baterista de la mejor banda de rock del mundo. Ahí estaba yo, cuando el baterista entrando en sentido contrario al mío me roza un hombro, coincidimos un instante en las miradas, él se sabe reconocido y con la amabilidad casi de niño avergonzado sonríe enormemente y levanta las cejas. Pasa ahí balanceando ...
I had a three-month window before starting my new job, so I took off to India. My contract entitled me to a miserable fifteen-day vacation for the first five years of employment. I did not fully grasp the grim prospect and the brutal grinding that my soul was about to undergo by embracing the corporate life. Although I had done my fair share of backpacking in Latin America, nothing prepared me for India. I landed in New Delhi in late March to scorching heat and a shared YMCA bedroom with fan. My health deteriorated rapidly. I managed to crawl through Agra and Varanasi to Kolkata. I was feverish and with uncontrollable bouts of diarrhea. I was also determined not to go home. I read Forster's A Passage to India at Varanasi's burning gaths, where I wrote a poem about unrequited love. I arrived in squalid Kolkata in desperate shape and collapsed in a ten-rupee bed in a dormitory of the Salvation Army. An Irish guy sleeping next to me, who must have been the embodiment of...
Comentarios
Publicar un comentario